La princesa prometida: Niveles ficcionales
“Me gustaría saber qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado (…) Todo está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.”
Michael Ende, La
historia interminable
Ariadne Alcíbar González
Conocí “La Princesa Prometida” cuando yo tenía diez años
y la película veintitantos. Fue una casualidad que llegó a mí gracias a la
televisión por cable. Por suerte estábamos probando el sistema de grabación así
que la vi muchas veces más. Años después me encontré encantada por saber más y
más de la historia que tanto me había marcado y conocí la novela de William
Goldman en la que estaba inspirada la película. Desde entonces hice un pacto
conmigo para escribir algún día sobre esta maravillosa historia. Este trabajo
habita en mi mente desde el primer semestre de la licenciatura. Si no lo pude
concretar antes fue porque no sabía cómo o en qué aspecto centrar y profundizar
el análisis. Hasta ahora.
A lo largo del semestre concentramos parte de nuestros
estudios en la Narratología y Transtextualidad. Puntualmente repasamos cada una
de las figuras propuestas por Gérard Genette para profundizar y entender la
estructura, comunicación y recepción de los relatos. Ahora, con el conocimiento
de esta valiosa herramienta puedo hacer el análisis que tanto tiempo descansó
en mi mente.
La elección de este tema, como ya se habrá advertido, es
sobre todo sentimental. Sin embargo, he de decir que no por eso se debe
subestimar esta obra, al contrario, uno de los propósitos principales es
difundir esta creación que si bien, a primera vista parece una historia más de
aventuras, puedo afirmar que presenta un complejo nivel narrativo que se
explicará más adelante. La elección de este libro y su adaptación cinematográfica
además del aspecto sentimental es un excelente ejemplo, a mi parecer, de mise
en abyme que funciona para un análisis narratológico principalmente de la Voz
narrativa. Si bien hay menciones de otros aspectos importantes e
interesantes, la caja china es el elemento central.
Finalmente, me gustaría agregar a que la literatura y los
universos de posibilidades que abren las letras son infinitos y hasta cierto
punto permanecen en el misterio. Disciplinas como la narratología nos permite
adentrarnos en uno de estos universos que algunas veces, tal vez, no deberíamos
atrevernos a espiar pues nos permite descubrir el lado “real” de la literatura
y para algunos soñadores, como yo, la literatura es tan real como los
sentimientos que nos provoca.
Impostor de primera: William Goldman
“La Princesa Prometida” (1973) es una novela romántica de
fantasía escrita por William Goldman. La obra fue publicada originalmente en
Estados Unidos por la editorial Harcourt Brace. El libro nos cuenta la historia
del mismo W. Goldman, quien relata que la historia en realidad es una
adaptación de la novela La princesa prometida: Relato clásico de amores
verdaderos y grandes aventuras de S. Morgenstern, libro que solían leerle
de niño a William Goldman y que ha adaptado a una versión más corta y
entendible para aquellos que no son autóctonos de Florín.
Por otro lado, “La Princesa Prometida” (1987, “The
Princess Bride”) es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de
1973. Está dirigida por Rob Reiner (“Misery” 1990) y la adaptación del guion
estuvo a cargo del propio William Goldman. Si bien la película no tuvo mucho
éxito en su estreno, con el tiempo ganó popularidad hasta convertirse en una
película de culto.
Ahora bien ¿por qué elegí la novela y su adaptación
cinematográfica como punto de comparación? Esta elección está más allá de la
eterna discusión entre si la novela o la adaptación es mejor. Respecto a este
tema me queda decir que se evalúan en instancias diferentes, por un lado,
tenemos música e imagen que actúan como narradores y constituyen un nivel de
comunicación al de la novela que, por otro lado, cuenta con el recurso escrito
y la descripción por cuantas páginas se considere necesario. Por eso sólo me
queda decir que la adaptación, como película es excelente y la obra original,
como novela, es excelente.
Entonces, la comparación surge porque ambas obras
presentan complejidad narrativa en distintos niveles, lo que llamamos mise
en abys o caja china. Veremos a través de la Narratología como los niveles
de ficción cambian constantemente en ambas obras hasta culminar en nuestra
realidad o una realidad.
Para empezar, explicaré más detalladamente el contenido
de ambas obras y las diferencias más significativas pero necesarias en la
adaptación por la exigencia narrativa de agilidad propia del cine.
Posteriormente, por medio de las herramientas narratológicas, analizaré dos
escenas, tanto en libro y película, que ofrecen interesantes estructuras
narrativas y finalmente un hecho que traspasa la barrera ficcional.
La novela
La historia inicia con la vida del autor, Goldman,
explica que desde su infancia era aficionado a los deportes, pero no los
practicaba por esta razón sus padres creían que su inteligencia era
desperdiciada. Hasta que un día cuando cae gravemente enfermo, su padre, quien
era un inmigrante florinés, decide acompañarlo en su recuperación y leerle La
princesa prometida: Relato clásico de amores verdaderos y grandes aventuras
de S. Morgenstern. Esta historia cambia la vida de William y lo guía para convertirse
en novelista. Muchos años después, decide hacerle un regalarle a su hijo una
copia del libro que cambió su vida. Después descubre que el niño dejó
abandonado el libro tras el primer capítulo. Goldman, desilusionado, quiere
leerlo por primera vez él mismo y descubre que es un libro muy denso, lleno de
crítica y sátira política, entonces comprende que su padre omitía las partes
aburridas para hacerlo digerible. Por esta razón, decide escribir una versión
editada de la novela para que sea como él la recordaba.
En esta parte empieza la versión editada de La Princesa
Prometida por S. Morgenstern. Cuenta la historia de la hermosa Buttercup, una
joven que vive en una granja en el país de Florin. Westley es el mozo de la
granja a quien Buttercup se divierte molestando en sus horas de trabajo, el
mozo sólo atina a contestarle: “Como desees”. Un día la joven se da cuenta que
cuando el joven le dice “Como desees” en realidad quiere decir “Te amo”. Así
pues, Westley enamorado de la bella joven, parte a buscar fortuna para casarse
con ella. Más tarde Buttercup se entera que Westley fue atacado por el temible
pirata Roberts. Entonces la bella joven declara que nunca volverá a amar, sin
embargo, el príncipe Humperdinck desea desposarla para hacerse rey.
En el libro se puede leer de vez en cuando, en letra
cursiva, intervenciones de Goldman. Son comentarios y explicaciones de la
novela original que son necesarias para entender, pero en su experiencia con el
libro de Morgenstern, muy tediosas y largas.
Ahora bien, la primera parte descrita en el libro, es
decir, la infancia de Goldman es falsa. Goldman no es hijo de inmigrantes
florinenses porque no existe tal país. Tampoco existe S. Morgenstern ni la
supuesta novela original, todo es ficción incluida la supuesta “adaptación” del
libro original. Hacia este punto ya podemos empezar a reír porque lo cierto es
que tanto libro como película son muy cómicos. Y es precisamente esta
característica lo que les agrega el toque único a estas creaciones, pues son
críticas de las clásicas novelas de aventuras. Contienen todos los clichés
posibles y aun así son una genialidad. Algo semejante ocurre con la adaptación
cinematográfica.
La película
Esta comienza con una secuencia de un niño enfermo
recostado en su cama. Pronto aparece en escena su abuelo, quien lo convence de
leerle el libro que su padre le leía cuando estaba enfermo. El niño acepta
después de mucho vacilar; hace sus videojuegos a un lado y escucha atentamente
las palabras del abuelo: “La Princesa Prometida, de S. Morgenstern”. Entonces
empieza la historia de Buttercup, muy parecida a la del libro.
Voz narrativa
La primera escena en cuestión involucra a Íñigo Montoya. Empecemos con la película. En esta escena podemos ver el primer encuentro entre Íñigo y el Pirata Roberts, se están preparando para pelear. Entonces Íñigo le pregunta al pirata si de casualidad tiene seis dedos en su mano derecha. Esto da lugar para que Íñigo comience a contar la historia de su padre. Omitiré la historia para pasar directamente a los niveles narrativos. Veamos el siguiente esquema:
Empecemos por el abuelo que está leyendo el libro, cuando
comienza a narrar nos encontramos en un nivel extradiegético, aquí se produce
una especie de fusión con una segunda voz y bajamos un plano en la ficción.
Esta segunda voz es la de S. Morgenstern que, si bien no lo podemos escuchar,
está implícito. En este punto surge un fenómeno interesante, pues es como si
las dos voces nos estuvieran narrando al mismo tiempo. Ahora bien, no narran al
mismo tiempo toda la película. En determinados puntos pasa a voz en off y
después deja de escucharse. En ese momento es S. Morgenstern la voz principal,
por lo tanto, un nivel extradiegético. El cambio de nivel se produce cuando
Íñigo comienza a contar su historia. Aquí tenemos un cambio en el Modo, pues
cambia el foco narrativo y con ello pasamos al nivel Intradiegético, como se
puede observar en el esquema. En términos de Duración, Íñigo emplea el
sumario para contar la historia de su padre.
Por otro lado, en el libro sucede algo similar con los niveles narrativos. Sin embargo, podemos encontrar una analepsis, pues Íñigo no es el que cuenta su historia, la cuenta S. Morgenstern. Así pues, se convierte en extradiegético.
La
siguiente escena a la que quiero hacer mención es el reencuentro entre
Buttercup y (disculpas por el spoiler) Westley. La joven descubre que el pirata
es en realidad su amado Westley, cuando el pirata le dice “Como desees”,
leitmotiv de la historia. En la
película, tras el reencuentro Westley y Buttercup van a besarse y entonces se
oye la voz del niño que se queja de los besos. Suceden tres niveles de
narración rápidamente. Primero la escena de Westley y Buttercup donde la voz
implícita es Morgenstern, en seguida escuchamos al niño quien rompe esta
ficción y la escena regresa a la habitación del pequeño. El abuelo le dice que
algún día no le importará escuchar esas partes y pasa de página. El esquema
sería el siguiente.
El esquema en la película es aparentemente sencillo, no
obstante, en el libro esta escena desata un juego meta ficcional fantástico.
Todo comienza con el reencuentro entre los amantes. El pirata revela su
identidad y se abrazan. Entonces cambia repentinamente la narrativa para averiguar
que el príncipe Humperdinck los persigue. Cuando se vuelve a saber de Buttercup
y Westley se encuentran en el Pantano de Fuego y se abre un paréntesis que dice
así:
En este punto de la historia, mi mujer desea hacer
público que se siente tremendamente engañada al habérsele negado la inclusión
de la escena de la reconciliación entre los enamorados, que tiene lugar al pie
del barranco. Le respondo lo siguiente...) (Goldman, 2018).
Es la voz de Morgenstern la que habla en esta parte y así
termina, en puntos suspensivos porque recordemos que es la versión resumida de
la obra original (ficcional) por lo tanto se entiende que los puntos
corresponden al corte de William Goldman. Entonces, tras este paréntesis
aparece una nota, en cursivas (recordemos que así se distinguen las
intervenciones de Goldman) donde se lee lo siguiente:
Soy yo otra vez, y no intento confundir más las cosas,
pero debo advertir que el párrafo anterior se debe enteramente a Morgenstern.
En la versión no resumida, se refería continuamente a su esposa (...) [
…El motivo por el que he decidido no omitir esta
referencia en particular, es porque, por primera vez, estoy totalmente de
acuerdo con la señora Morgenstern. Considero una injusticia que no se haya
incluido la escena del reencuentro. Por ello decidí escribir una de cosecha
propia, para describir lo que, a mi juicio, se dijeron Buttercup y Westley
(...)
A
continuación, se puede leer, otra vez de una intervención de Goldman, que
aquellos que estén interesados en leer la escena de reencuentro que consta de
tres páginas, escriban a “c”, solicitando las páginas, ya que por cuestiones de
derechos de autor S. Morgenstern no le permitió añadir la escena de su autoría.
Tanto la dirección, como las páginas y S. Morgenstern son ficcionales. Sin embargo,
aquí cambia el nivel narrativo a metaficcional pues Goldman le habla
directamente al lector y le invita a enviar una carta para solicitar la escena.
Como anexo añadiré una discusión en foro de lectura donde la gente en realidad
cayó en esta trampa narrativa.
El
esquema es el siguiente:
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ANEXO. Lectores que creyeron todo
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Goldman: Dirección en
NYC
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Intervención Goldman: “Soy yo otra vez…”
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Morgenstern: “En este punto de la historia…”
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Reencuentro de
Buttercup y Westley
|
Como
podemos apreciar, la película parece ser narratológicamente más sencilla que el
libro, sin embargo, eso no demerita el increíble trabajo cinematográfico ni
quiere decir que sea peor o mejor. Después de todo fue Goldman el que adaptó su
propia novela. Que, por cierto, después de un par de prolepsis y falsas
predicciones de S. Morgenstern, Goldman se atreve a llamarlo “impostor de
primera” en una de sus famosas intervenciones. Después de pasear de mano de
Goldman por Florín y sus diversos niveles narrativos creo que es evidente quién
es el verdadero impostor de primera.
Llamémosle
impostor o un excelente manipulador de las dinámicas narrativas, William
Goldman creó un país ficticio para contar una historia que ha traspasado las
barreras del tiempo. Ha traspasado ya a Íñigo, Buttercup y Westley; a S.
Morgenstern y a él mismo. Me atrevo a decir que el mundo meta ficcional
traspasó incluso mi infancia y por eso nos encontramos aquí.
Estas
herramientas narrativas nos ayudan a entender la estructura y composición de
las historias, sin embargo, me parece que una vez alcanzado el nivel meta
ficcional todo es posible. Contrario a lo que podría pensarse sobre el mundo
real y sus precariedades para creer en la magia y la fantasía, somos también
nosotros, los del mundo “real” los que creamos la fantasía.
Podemos crear mundos o escribir cartas para solicitar escenas extra o bien podríamos crear esas propias escenas y convertirnos en parte de la historia. ¿O no será que ya lo somos? ¿Podría ser que tal vez alguien nos esté leyendo en este momento? Sí, tal vez eres tú, la Ari de diez años que acaba de descubrir La Princesa Prometida. O bien tú, querida persona. De cualquier forma, te digo: ¡Anda, lee! Como desees.
GOLDMAN,
William (2018): La princesa prometida. Editorial Ático de Libros.
ANEXO I.




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